Un día en Sucré

 

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5.20 horas. Suena el despertador y directo a la ducha. Me visto. Son las 5.45 horas, sin desayunar, vienen a buscarme para ir directos a Sucré.

 

6.00 horas. Llegamos y los compañeros llevan trabajando desde las tres de la mañana sin descanso. Hay mucho trabajo que hacer. Son días intensos en los que la fabricación masiva de roscos convive con los encargos navideños. Éstos son troncos de navidad, pasteles, croissants y tartas.sucré3 Desde el primer momento Borja, uno de los dos dueños, nos dice a mi y a Miguel que hacer y como hacerlo. Para empezar toca meter regalos en los roscos. Haba y Rey en el pequeño; haba, Rey y figura en el mediano y haba, Rey y dos figuras en el grande. Tras ir colocando las figuras, los metemos en sus respectivas cajas para llevarlos al mostrador. Cuándo acabamos con ello me ordenan sacar los roscos de la fermentadora para posteriormente pintarlos, poner la fruta escarchada, el azúcar y meterlos al horno. Son las 9 de la mañana y ya he realizado dos tareas, deberes que se convertirán en mi trabajo durante varias horas más. Mientras tanto Álvaro, actúa como repartidor. Encargos para particulares y encargos para negocios. La cosa va funcionando como se esperaba.

 

A partir de las 10.00 horas el goteo de gente es constante. Unos vienen a por sus encargos y otros a comprar su rosco. Para los segundos se les muestra su compra y se le rellena al momento. No se producen colas, ni aglomeraciones. Todo está   sucré5 bien ordenado, coordinado. Mientras tanto dentro seguimos trabajando cinco personas sin parar. Unos con las figuras, otros haciendo la masa y otros rellenando roscos y elaborando la nata, crema o trufa.

 

Sobre las 11.00 horas toca salir a atender al personal mientras los compañeros realizan un encargo de pasteles. sucré2Tras estar una hora en el mostrador vuelvo dentro para encargarme de colocar figuras y decorar los roscos. Para finalizar el día acompañé a Álvaro a su reparto, ya que necesitaba ayuda. Una hora y media fue suficiente para satisfacer a los clientes. Pero también teníamos otra misión: comprar la comida para todo el equipo. Comida y a las cinco, a casa. Todo finalizado, aunque tres compañeros se quedaron hasta las 20.00 horas para atender y entregar los roscos que restaban por recoger.

 

Mucha calidad en Sucré, pero no solo de sus roscos, tartas y pasteles. Calidad de sus trabajadores y, sobre todo, de sus dueños.

 

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